Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville No pudo Tess seguir trabajando de lo inquieta que estaba; se preguntaba si d’Urberville habrÃa vuelto a casa de sus padres, y con el rastrillo en la mano se encaminó allá.
A veinte metros de la vivienda le salió al encuentro una de sus hermanas.
—Tess, ¿no sabes lo que pasa? ¡Liza-Lu está llorando, y la casa se ha llenado de gente, y madre dicen que está mejor, pero todos creen que padre ha muerto!
La niña comprendÃa la magnitud de la noticia, aunque todavÃa no del todo, y se quedó mirando a Tess con ojos muy abiertos, hasta que, observando el efecto producido en su hermana, dijo:
—Tess, ¿y no podremos hablar nunca más con padre?
—¡Pero si padre no estaba tan malo! —exclamó Tess aturdida.
En esto salió Liza-Lu.
—Se cayó de repente hace un momento, y el médico que habÃa venido a ver a madre dijo que no se le podÃa hacer nada porque se le habÃa encogido el corazón.