Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Pues si eres una d’Urberville auténtica no deberÃa contártela. A mÃ, como soy un d’Urberville postizo, me tiene sin cuidado. Es una historia lúgubre… Es que el ruido de ese coche imaginario, sólo lo puede oÃr uno de la sangre de d’Urberville, y es señal de que va a ocurrirle una desgracia. La leyenda habla de un asesinato cometido por uno de la familia hace varios siglos.
—Ahora que ha empezado, tiene que acabar.
—Bueno. Pues cuentan que un d’Urberville raptó a una hermosa joven, que trató de escaparse del coche en que él la llevaba, y que en la lucha…, ya no me acuerdo si fue él quien la mató a ella o ella quien lo mató a él…, se me ha olvidado… Pero por lo que veo estáis de mudanza…
—SÃ, nos vamos del pueblo mañana, dÃa de la Anunciación.
—Me lo habÃan dicho, pero no habÃa llegado a creerlo. Me parece muy precipitado, pero ¿por qué os vais?
—Pues porque en mi padre concluÃa el contrato de arrendamiento, y muerto él, ya no tenemos derecho a seguir aquÃ. Aunque quizá hubiéramos podido quedarnos como simples inquilinos de no haber sido por mÃ.
—¿Por ti? ¿Y cómo?
—Pues porque no soy una mujer honrada.
D’Urberville se sonrojó.