Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Durante la parada los ojos de Tess fueron a posarse en un pichel azul de litro y medio que subÃa y bajaba por el aire, pasando de mano en mano entre las mujeres de una familia, encaramadas en lo alto de un carro que se habÃa detenido a corta distancia de la misma venta. Siguiendo la dirección ascendente del pichel, observó Tess que iba a dar en unas manos pertenecientes a una persona muy de su conocimiento y amistad. La joven fue hacia el carro y gritó:
—¡Marian! ¡Izz! ¿También vosotras os mudáis?
Las muchachas le respondieron afirmativamente. Era una vida muy dura la que llevaban en Flintcomb-Ash, y ambas se habÃan escapado, arrostrando el riesgo de que Groby las persiguiese, si le daba por ahÃ. Le informaron a Tess de su nueva residencia y la joven les dijo también la suya.
Marian, inclinándose por encima de la carga, dijo en voz baja:
—¿No sabes que aquel señor que te rondaba, ya sabes quién digo, estuvo a preguntar por ti en Flintcomb-Ash? Nosotras no le dijimos dónde estabas, porque como no querÃas verle…
—¡A pesar de todo, ha dado conmigo! —murmuró Tess.
—¿Sabe adónde vas?
—Creo que sÃ.