Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿Y tu marido volvió?
—No.
Tess se despidió de sus amigas, pues ya partÃan ambos carros y llevaban direcciones opuestas; el vehÃculo que conducÃa a Marian, Izz y la familia del labrador con quien se habÃan acomodado iba muy repintado y flamante, tirado por tres fogosos caballos cuyos arneses lucÃan brillantes guarniciones de bronce, en tanto el carromato en que viajaban Tess y su familia era un desvencijado armatoste que apenas soportaba aquella carga excesiva, y habÃa perdido ya casi toda huella de pintura, yendo tirado por dos caballos solamente. Aquel contraste marcaba muy bien la diferencia que iba de viajar a expensas de un labrador acomodado a hacerlo en un vehÃculo costeado de bolsillo propio y en dirección a un punto donde no aguardaba ningún patrono.