Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿No es propiedad nuestra el panteón de nuestra familia? —dijo la madre de Tess, después de explorar la iglesia y el cementerio—. Pues aquà acamparemos, hijos mÃos, hasta que el pueblo de vuestros antepasados nos ofrezca un asilo. Haré un cobijo para los niños y luego seguiremos buscando.
Ayudó Tess maquinalmente a su madre y al cuarto de hora ya habÃan sacado de entre los muebles la cama de cuatro columnas armándola junto a la pared sur de la iglesia, es decir, al resguardo de aquella parte del edificio llamada la nave de los d’Urberville, bajo la cual yacÃan los grandes sepulcros. Sobre la cabecera de la cama se abrÃa un hermoso ventanal, profusamente calado y de primorosa tracerÃa, que databa del siglo XV. La llamaban la ventana de los d’Urberville y en su dintel mostraba los heráldicos emblemas de la familia.
Corrió Joan la cortina de los cuatro lados del lecho, formando como una tienda de campaña, en cuyo interior acomodó a los niños pequeños.
—A falta de otro sitio mejor, podremos pasar aquà esta noche —dijo—, pero ahora tenemos que buscar algo que darles de comer a estas criaturas. ¡Ya ves, Tess, de qué nos ha servido el que te casaras con caballeros!