Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Pero ¿usted sabe si está bien de salud?
—Yo no lo sé, pero usted sà deberÃa saberlo.
—Es verdad, lo reconozco —respondió Ãngel—. ¿Y puede usted decirme dónde se encuentra?
Desde el comienzo de la entrevista habÃa manifestado Joan su turbación poniéndose la mano en la mejilla.
—Yo…, no lo sé a punto fijo —respondió—. Estuvo…, pero…
—¿Dónde dice usted que estuvo?
—Pero no, ya no está allÃ.
Hizo otra pausa en sus evasivas, y habiendo acudido a la puerta los niños, el menor murmuró, tirándole a su madre de la falda:
—¿Es éste el caballero que se va a casar con Tess?
—¡Si se ha casado ya con ella! —le dijo por lo bajo Joan—. Anda para adentro, hijo.
Advirtió Ãngel los apuros que pasaba la mujer para no decir la verdad, y le preguntó:
—¿Usted cree que Tess verá con gusto que yo vaya a buscarla? Porque si asà no fuera, claro está… que…
—Pues, hablándole a usted con franqueza, no creo que le haga mucha gracia…
—¿Está usted segura?
—Tan segura como lo estoy.