Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville La carretera que seguía estaba despejada, y poco más allá se internaba en un valle, por entre cuyas laderas se veía serpentear su blanca cinta. Llevaba recorrida ya casi toda la hondonada y remontaba el declive occidental, cuando, al detenerse para descansar un poco, volvió maquinalmente la cabeza, movido de un raro impulso, como consciente de hallarse bajo el influjo de alguna voluntad extraña. La cinta del camino se estrechaba a sus espaldas hasta perderse de vista y al contemplar Ángel la lejanía reparó en un punto móvil que avanzaba en la blanca vacuidad de la perspectiva.
Era una figura humana que corría. Y Ángel esperó con la vaga sensación de que alguien trataba de alcanzarle.
Era de mujer la figura, pero tan lejos estaba de la mente de Ángel que su mujer pudiera seguirle, que cuando ya la tuvo cerca no pudo reconocerla con aquel traje tan distinto del de otros tiempos. Hasta que al fin, al tenerla junto a él, se cercioró de que era Tess.
—Te vi salir de la estación… momentos antes de llegar yo… y te he venido siguiendo todo el camino.