Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Yo —le dijo ella apretando su mejilla contra la de Angel— temo que no siempre pienses lo que ahora piensas de mÃ. No quiero sobrevivir a lo que sientes por mà estos dÃas. DesearÃa estar debajo de tierra cuando llegue el dÃa que hayas de despreciarme, a fin de no llegarme a enterar.
—No podré despreciarte nunca.
—Eso creo yo. Pero teniendo presente lo que fue mi vida, no me explico cómo puede haber un hombre que tarde o temprano no llegue a despreciarme. ¡Qué desdichada locura la mÃa! ¡El caso es que nunca pude hacerle daño a un gusano ni a una mosca, y sólo de ver a un pájaro encerrado en una jaula me echaba a llorar!