Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿Cómo se llama? —le preguntó él al tiempo que la acompañaba por el camino, hasta que perdieron de vista la casa.
—Me llamo Tess Durbeyfield y soy de Marlott.
—¿Y dice usted que a su familia se le ha muerto el caballo?
—SÃ, señor. Yo misma fui quien lo mató —respondió Tess, llenándosele de lágrimas los ojos al referir los pormenores de la muerte de PrÃncipe—. ¡Y no sé qué hacer para compensar de ello a mi padre!
—Ya veré si puedo ayudarles a salir del aprieto —le respondió el joven—. Mi madre procurará buscarle a usted acomodo. Pero, Tess, no piense usted más en ese desatino de Urberville, Durbeyfield y nada más; ya lo sabe usted. ¡Son dos nombres completamente distintos!
—No deseo otra cosa, señor —respondió Tess con cierta dignidad.
Por un momento, sólo por un momento, cuando estaban en el recodo del camino, entre los altos rododendros y las conÃferas, antes de que la casa se hiciera visible, inclinó el joven su rostro hacia ella, como si…, pero no… Lo pensó mejor y la dejó partir.