Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Era uno de los dos Ángel Clare, y su acompañante era una muchachita linda y espigada, entre niña y mujer, retrato espiritualizado de Tess, más delgada que ésta, pero con sus mismos ojos: Liza-Lu, la cuñada de Ángel. Los pálidos semblantes de los dos parecían haberse encogido hasta quedar en su mitad. Iban de la mano, sin cambiar palabra, con las cabezas inclinadas, como «los dos Apóstoles» del Giotto[156].
Al llegar a la cima del gran cerro occidental daban las ocho en los relojes de la población. Ambos se estremecieron al sentir aquel tañido, y a los pocos pasos llegaron a la primera piedra miliar. Pálidos, se pararon en la cuneta, vueltos de espaldas al hondón, que desde allí se descubría por entero. Luego se internaron por la espesura, impelidos de una fuerza que parecía superior a su voluntad, y se detuvieron; de pronto, retrocedieron y aguardaron inmóviles junto a la piedra.