Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Desde aquella altura se divisaba una perspectiva infinita. Allá abajo, en el valle, quedaba la ciudad, cuyos edificios más prominentes se mostraban cual en dibujo isométrico, entre ellos la ancha torre de la catedral, y ésta con sus ventanales normandos y sus naves dilatadas, las agujas de Santo Tomás, los pináculos de la universidad, y más a la derecha, las torres y techumbre del hospicio, donde todavÃa hoy se da al peregrino su limosna de pan y cerveza. Por detrás de la ciudad se erguÃa la rotunda eminencia del cerro de Santa Catalina, y más allá el campo, hasta perderse de vista bajo los rayos del sol dominador.