Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Dicen…, la señora d’Urberville nos dice que quiere que tú te encargues de cuidar un pequeño gallinero en el que tiene puestos los cinco sentidos… Pero esto no es más que una manera hábil de llevarte consigo, sin hacerte concebir demasiadas esperanzas… Lo que quiere decir en el fondo es que está dispuesta a encargarse de ti como parienta…
—¡Pero si yo no he llegado a hablar con ella!
—Pero hablarÃas con alguien, ¿no es eso?
—SÃ, madre; vi a su hijo.
—Y te tratarÃa como a persona de la familia, ¿no?
—SÃ, madre. Me llamó prima.
—¿No te lo decÃa yo? Oye, John… La ha llamado prima… —gritó Joan, dirigiéndose a su esposo—. Claro, él le habló después de ti a su madre y ésta te manda llamar.
—Lo que yo no sé es si sabré cuidar gallinas —dijo con voz de duda Tess.
—Pues si no entiendes tú de eso, no sé quién va a entender. Tú has nacido y te has criado en ese trajÃn. Y el que echa los dientes en algún menester siempre entiende de él más que cualquier novato. Además, que sólo se trata de darte alguna ocupación para que no se te suba a la cabeza el parentesco…