La letra escarlata
La letra escarlata Después de separarse del médico, el capitán del buque con destino á Brístol empezó á pasearse lentamente por la plaza del mercado, hasta que, acercándose por casualidad al sitio en que estaba Ester, pareció reconocerla y no vaciló en dirigirle la palabra. Como acontecía por lo común donde quiera que se hallaba Ester, en torno suyo se formaba un corto espacio vacío, una especie de círculo mágico en el que, aunque el pueblo se estuviera codeando y pisoteando á muy corta distancia, nadie se aventuraba ni se sentía dispuesto á penetrar. Era un ejemplo vivo de la soledad moral á que la letra escarlata condenaba á su portadora, debido en parte á la reserva de Ester, y en parte al instintivo alejamiento de sus conciudadanos, á pesar de que hacía ya tiempo que habían dejado de mostrarse poco caritativos para con ella. Ahora, más que nunca, le sirvió admirablemente, pues le proporcionó el modo de hablar con el marino sin peligro de que los circunstantes se enteraran de su conversación; y tal cambio se había operado en la reputación de que gozaba Ester á los ojos del público, que la matrona más eminente de la colonia en punto á rígida moralidad, no podría haberse permitido aquella entrevista, sin dar margen al escándalo.