La letra escarlata
La letra escarlata —De modo, señora,—dijo el capitán,—que debo ordenar á mi mayordomo que prepare otro camarote, además de los que Vd. ha contratado. Lo que es en este viaje no habrá temor de escorbuto ó tifus; porque con el cirujano de abordo, y este otro médico, nuestro único peligro serán las pÃldoras ó las drogas que nos administren, pues tengo en el buque una buena provisión de medicinas que compré á un buque español.
—¿Qué está Vd. diciendo?—preguntó Ester con mayor alarma de la que quisiera haber mostrado.—¿Tiene Vd. otro pasajero?
—¡Cómo! ¿No sabe Vd.,—exclamó el capitán del barco,—que el médico de esta plaza,—Chillingworth como dice llamarse,—está dispuesto á compartir mi cámara con Vd.? SÃ, sÃ, Vd. debe saberlo, pues me ha dicho que es uno de la compañÃa, y además Ãntimo amigo del caballero de quien Vd. habló, de ese que corre peligro aquà en manos de estos viejos y ásperos gobernantes puritanos.
—SÃ, se conocen Ãntimamente,—replicó Ester con semblante sereno, aunque toda llena de la más profunda consternación,—han vivido juntos mucho tiempo.