Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu La razón es espíritu en cuanto que la certeza de ser toda realidad está elevada a la verdad, y ella es consciente de sí misma en cuanto que es su mundo, y consciente del mundo en cuanto que es ella.—El devenir del espíritu ha hecho ver el movimiento inmediatamente precedente, en el que el objeto de la conciencia, la categoría pura, se elevaba hasta el concepto de la razón. En la razón que observa, esta unidad pura del yo y del ser, del para-sí y del en-sí, está determinada como lo en-sí o como ser, y la conciencia de la razón la[114] encuentra. Pero la verdad del observar es, antes bien, cancelar ese instinto inmediato de encontrar, ese estar ahí, desprovisto de conciencia, de esa unidad. La categoría intuida, la cosa encontrada entra en la conciencia como el ser-para-sí del yo, el cual, ahora, dentro de la esencia objetual, se sabe como el sí-mismo. Pero esta determinación de la categoría como ser-para-sí contrapuesto al ser-en-sí es exactamente igual de unilateral, un momento que se cancela a sí mismo. Por eso, la categoría viene determinada para la conciencia tal como ella es en su verdad universal, como esencia que es en y para sí. Esta determinación, todavía abstracta, que constituye la Cosa misma, no es, de primeras, más que la esencia espiritual, y su conciencia es un saber formal acerca de ella, saber que se dedica a dar vueltas con cualquier tipo de contenido; de hecho, sigue siendo diferente de la sustancia en cuanto algo singular, o bien da leyes arbitrarias, o bien se cree que tiene en su saber como tal las leyes según ellas son en y para sí; y se tiene a sí misma por la potencia que juzga.—O dicho de otro modo, considerándolo desde el lado de la sustancia, ésta es la esencia espiritual que es en y para sí, que no es todavía conciencia de sí misma.—Pero la esencia en y para sí, que a la vez se representa efectivamente como conciencia y se representa a sí ante sí misma, es el espíritu.