Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu El espíritu que se sabe a sí mismo es inmediatamente, dentro de la religión, la propia autoconciencia pura de ese espíritu. Aquellas figuras suyas que hemos examinado —el espíritu verdadero, el espíritu extrañado de sí y el espíritu cierto de sí mismo— lo constituyen conjuntamente en su conciencia, la cual hace frente a su mundo sin reconocerse en él. Pero, en la certeza moral, se somete, igual que su mundo objetual como tal, así como su representación y sus conceptos determinados, y es ahora, entonces, autoconciencia que está cabe sí. En esta autoconciencia tiene él para sí, representado como objeto, el significado de ser el espíritu universal que contiene dentro de sí toda esencia y toda efectividad; pero no es en la forma de la realidad efectiva libre o de la naturaleza que aparece autónomamente. Tiene, ciertamente, figura, o la forma del ser, en tanto que es objeto de su conciencia, pero, dado que tal conciencia está puesta en la religión con la determinación esencial de ser autoconciencia, esa figura es perfectamente transparente a sí; y la realidad efectiva que el espíritu contiene está encerrada dentro de él, o cancelada dentro de él, exactamente de la misma manera que cuando decimos toda la realidad efectiva: es realidad efectiva pensada, universal.