Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu Este movimiento dentro de sí mismo enuncia a la esencia absoluta como espíritu; la esencia absoluta que no es captada como espíritu no es más que el vacío abstracto, igual que el espíritu que no es aprehendido como este movimiento no es más que una palabra vacía. Sus momentos, al ser atrapados en su pureza, son los conceptos inquietos, que sólo consisten en ser sus contrarios en sí mismos y tener su quietud en el todo. Pero el representar por parte de la comunidad no es este pensar concipiente; sino que tiene el contenido sin su necesidad, y en lugar de la forma del concepto, lleva al reino de la conciencia pura las relaciones naturales de Padre e Hijo. Al comportarse así en el pensar mismo, representándose, la esencia, ciertamente, le es manifiesta a esa conciencia pura, pero, por una parte, sus momentos, en virtud de esta representación sintética, se disgregan ellos mismos ante sus ojos, de manera que no se refieren mutuamente por medio de su propio concepto, y por otra, ella se retira de este objeto puro suyo, refieriéndose a él solamente de manera exterior; el objeto le ha sido revelado a ella por alguien extraño, y en este pensamiento del espíritu, ella no se reconoce a sí misma, no reconoce la naturaleza de la autoconciencia pura. En la medida en que hay que ir más allá de la forma del representar y de aquellas relaciones tomadas de lo natural, y particularmente, también, más allá de los momentos del movimiento que es el espíritu, más allá de tomarlos por sustancias o sujetos aislados y estables, en lugar de momentos que pasan, en esa medida, se ha de considerar este ir más allá como un empuje del concepto, según ya recordábamos antes en otro lado; pero, en la medida en que sea sólo instinto, se desconoce a sí, y con la forma desecha también el contenido, y, lo que es lo mismo, lo degrada a ser una representación histórica y un legado de la tradición; lo único que se conserva aquí es lo puramente exterior de la fe, con lo que lo interior de ésta ha desaparecido, sin embargo, como un muerto sin conocimiento, porque eso interior sería el concepto que se sabe como concepto.