Fenomenología del Espíritu

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La diferencia, pues, en ninguno de los dos casos es una diferencia en sí misma; o bien, de un lado, lo universal, la fuerza, es indiferente a la división que hay en la ley, o bien, de otro, las diferencias, partes de la ley, lo son unas frente a otras. Pero el entendimiento tiene el concepto de esta diferencia en sí precisamente en que la ley, por un lado, es lo interior que es en sí, pero al mismo tiempo es lo diferente en eso interior; el que esta diferencia, por tanto, sea diferencia interior está presente en que la ley es fuerza simple o es en cuanto concepto de tal diferencia; esto es, es una diferencia del concepto. Pero esta diferencia interior sólo cae todavía, por ahora, en el entendimiento; y no está puesta todavía en la Cosa misma. Lo que el entendimiento enuncia, entonces, es sólo la necesidad propia; una diferencia, pues, que él establece sólo de tal manera que a la vez expresa que la diferencia no es una diferencia de la Cosa misma. Esta necesidad que sólo reside en la palabra es, por tanto, el relato que enumera los momentos que constituyen el círculo de la misma; es cierto que a éstos se los diferencia, pero, a la vez, se expresa su diferencia como no siendo una diferencia de la cosa misma, con lo que en seguida queda de nuevo cancelada; este movimiento se llama explicar. Se enuncia, entonces, una ley, a partir de la cual se diferencia su universal en sí, o el fundamento, en cuanto la fuerza; pero de esa diferencia se dice que no es tal, sino que, más bien, el fundamento es de la mismísima hechura que la ley. El suceso singular del relámpago, por ejemplo, se aprehende como algo universal, y esto universal se enuncia como la ley de la electricidad: la explicación, por consiguiente, compendia la ley en la fuerza como la esencia de la ley. Esta fuerza, entonces, está hecha de tal manera que cuando se manifiesta exteriormente surgen electricidades opuestas que luego vuelven a desaparecer unas en otras, es decir, la fuerza está hecha exactamente igual que la ley; se dice que las dos no son para nada diferentes. Las diferencias son la pura manifestación exterior universal, o la ley, y la fuerza pura; pero ambas tienen el mismo contenido, la misma hechura; así, entonces, la diferencia vuelve también a quedar recogida como diferencia del contenido, esto es, de la Cosa.


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