Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu Hay todavía otro modo, distinto del indicado, en que están presentes la indiferencia de la ley y de la fuerza, o del concepto y del ser. En la ley del movimiento, por ejemplo, es necesario que el movimiento se divida en tiempo y espacio, o también, luego, en distancia y velocidad. El movimiento, en tanto que no es más que la relación de esos momentos, es lo universal, que aquí se halla, desde luego, dividido en sí mismo. Ahora bien, estas partes, tiempo y espacio, o distancia y velocidad, no expresan en ellas este origen suyo a partir de una única cosa; son mutuamente indiferentes, el espacio se representa sin tiempo, el tiempo sin el espacio, y la distancia, al menos, se representa como pudiendo ser sin la velocidad; igual que sus magnitudes son mutuamente indiferentes: al no comportarse como positivo y negativo no se refieren mutuamente a través de su esencia. La necesidad de la división, de la partición, entonces, está aquí presente, sin duda; pero no de las partes como tales, una para la otra. Pero, por eso, aquella primera era sólo una necesidad falsa y simulada; pues el movimiento no estaba representado él mismo como esencia simple o pura, sino como ya dividido; tiempo y espacio son sus partes autónomas o esencias en ellas mismas, o bien, la distancia y la velocidad son modos de ser o de representar, cada uno de los cuales puede, desde luego, ser sin el otro, y por eso, el movimiento no es nada más que una referencia superficial, no su esencia. Representado como esencia, o como fuerza, es, sin duda, la gravedad, la cual, sin embargo, no contiene para nada en ella estas diferencias.