Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

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Conforme a la ley de este mundo invertido, entonces, lo homónimo del primer mundo es lo desigual de sí mismo, y lo desigual de ese mundo es, en la misma medida, desigual de ello mismo, o deviene igual a sí mismo. En determinados momentos, esto se dará de tal manera que lo que en la ley del primero es dulce, en este invertido en-sí es agrio; lo que en aquél es blanco, en éste es negro. Lo que en la ley del primero es el polo norte del imán, en su otro en-sí suprasensible (a saber, en la tierra) es el polo sur; lo que allí es polo sur, aquí es polo norte. En la misma medida, lo que en la primera ley de la electricidad es el polo del oxígeno, se convierte en su otra esencia suprasensible en el polo del hidrógeno; y a la inversa, lo que allí era el polo del hidrógeno, es aquí el polo del oxígeno. En otra esfera, conforme a la ley inmediata, la venganza del enemigo es la suprema satisfacción de la individualidad lesionada. Pero esa ley de que, ante aquel que no me trata como alguien que es un ser autónomo, yo deba mostrarme como esencia contra él, y suprimirlo como esencia, se invierte, por el principio del otro mundo, en lo contrapuesto, el restablecimiento —de mí como esencia por la supresión de la esencia extraña— se invierte en autodestrucción. Ahora bien, si esta inversión, que es presentada en el castigo del crimen, se convierte en ley, vuelve a ser, también, solamente, la ley de un mundo que tiene un mundo suprasensible invertido enfrente de sí, en el cual se honra lo que en éste se desprecia, y cae en el desprecio lo que en éste es objeto de honra. El castigo, que según la ley del primer mundo oprobia y aniquila al ser humano, se transforma, en su mundo invertido, en el indulto que le conserva su ser, y le da honra.


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