Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu Por la infinitud, vemos a la ley plenamente acabada en una necesidad inherente a ella misma, y todos los momentos del fenómeno registrados en lo interior. Lo simple de la ley es la necesidad, y eso, tras lo que ha resultado, significa que α) la ley es algo igual a sí, pero algo que es la diferencia en sí; o es lo homónimo que se repele de sí mismo, o se escinde en dos. Aquello que se llamaba la fuerza simple se desdobla a sí mismo y es la ley en virtud de su infinitud. β) Lo escindido en dos, que constituye las partes representadas en la ley, se expone como subsistente; y estas partes, consideradas sin el concepto de la diferencia interior, son el espacio y el tiempo, o la distancia y la velocidad, los cuales entran en escena como momentos de la gravedad, indiferentes y sin necesidad, tanto mutuamente, uno para otro, como para la gravedad misma, igual que esta gravedad simple lo es frente a ellos, o la electricidad simple frente a lo positivo y lo negativo. γ) Pero, por el concepto de la diferencia interior, esto desigual e indiferente, el espacio y el tiempo, etc., es una diferencia que no es diferencia alguna, o bien, es sólo una diferencia de lo homónimo, y su esencia es la unidad; en cuanto positivo y negativo, cada uno está animado contra otro, y su ser es este ponerse más bien como no ser y cancelarse dentro la unidad. Ambas cosas diferenciadas subsisten, son en sí, son en sí en cuanto contrapuestas, es decir, son lo contrapuesto de ellas mismas, tienen a su otro en ellas y son una única unidad.