El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Ahora tengo más de cuarenta y puedo conseguir el petit alzheimer cuando quiero y a la hora que se me antoja. Como en el resto de las actividades del ser humano (la guitarra, el sexo, hacer dinero o pilotar aviones) después de mucha práctica se consigue alguna pericia, o por lo menos un estilo propio. Suele decirse, con razón, que tras diez mil horas de hacer algo —lo que sea— nos convertimos en expertos. Y yo lo que más hice en la vida fueron dos cosas: dormir y darle vergüenza a mis seres queridos.