El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Desde hace años viajo mucho y, como odio los hoteles, elijo casas por Airbnb. Los anfitriones las ponen a disposición y nosotros, los huéspedes, las habitamos. A veces una semana, a veces tres días. Para no tener sorpresas, suelo prestar atención a las evaluaciones que otros hicieron de las casas a las que iré. Y siempre elijo anfitriones confiables. El diciembre pasado alquilé una casa de fin de semana en Montevideo. La elegí lejos del centro y me equivoqué, porque justo me infarté en el living y casi me muero.
Si hubiera tenido que elegir el peor momento para morirme habría sido ese. No solamente estaba en un país que no era el mío; también me había separado de Cristina después de quince años y la única persona que sabía que yo estaba en Uruguay con Julieta era la propia Cristina. Para peor, el equipo de fútbol más bullicioso de Montevideo, Peñarol, acababa de salir campeón y el tráfico a los hospitales era imposible.