El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Lo que pasó después fue una magia que yo desconocía. Seguramente los cardiólogos van a congresos y conversan sobre estas cosas como quien habla de la lluvia, pero para el resto de la gente no es normal que te hagan un agujero en la muñeca para meterte un alambre. Yo no sabía lo que me estaban haciendo. Solamente entendía que un infarto era un dolor y después la muerte.
Pero apareció un médico, el doctor Vignolo, y me puso un alambre en la muñeca. Ese alambre viajó por debajo de la piel del antebrazo y yo lo noté subir; después siguió viajando hasta el hombro. El médico miraba un monitor y mi sensación era extraña. Noté que él jugaba a un videojuego en el que había una sola pantalla y una sola vida, que era mía, y el médico llevaba el alambre a la zona del pecho.
Tardé un rato en darme cuenta de que lo que pasaba en la pantalla estaba pasando a la vez en mi cuerpo. Pero cuando el alambre llegó al corazón apareció un resorte minúsculo, como de encendedor, que se metió en la arteria y la agrandó.
Y entonces, exactamente en ese instante, mi pecho respiró un aire urgente, un aire distinto, una bocanada que yo no respiraba desde la infancia, y sentí que la muerte se escapaba de mi pecho.