El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida El doctor Vignolo me dijo, después de la operación, que la velocidad con que me trajeron en el auto fue vital. Gracias al patrullero y a Julieta y a mis anfitriones, hicimos en diecinueve minutos un camino que se suele hacer en cuarenta. «Tu corazón no hubiera aguantado cuarenta», me dijo el doctor.
Un par de días después, en la habitación de cuidados intensivos del Hospital de Clínicas, me llegó un correo de Airbnb, la página de alquiler de casas. Me pedían una evaluación pública de mis anfitriones en Montevideo. Como todavía no podía escribir, le dicté a Julieta mi evaluación de la casa:
«Excelente vivienda para huéspedes con propensión al infarto de miocardio. La zona posee comunicación directa con los mejores hospitales de Montevideo. Los anfitriones, Javier y Alejandra, se convierten al instante en ángeles de la guarda y te salvan la vida sin conocerte. Te llevan muy rápido al hospital, en su propio coche, mientras te estás muriendo y después se quedan en la sala de espera hasta que los médicos te ponen un bypass. No permiten que caigas en depresión ni que te sientas solo, te traen libros para que leas y además no te quieren cobrar los días que te quedás de más en su casa. ¡Muy recomendable!».