El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Y ahora, que no tengo el contrarreloj de Iberia, los baches y los bocinazos y las puteadas me envuelven como si otra vez fueran míos.
El día siguiente que perdí mi billete de regreso a Barcelona era un miércoles. Me desperté a las siete y media de la mañana. Era un día laborable como cualquier otro en Buenos Aires. En la tele había un partido entre un equipo argentino y otro japonés, en directo desde Oriente.
A los diez minutos del inicio un japonesito pateó muy fuerte, esquinado, y la pelota casi se mete en el ángulo, pero el arquero de River la sacó al córner. Yo dije ¡uh! y me agarré la cabeza. Al mismo tiempo, por la ventana abierta, muchas otras voces en otras casas, gritaron uuuuhhh.
Al mismo tiempo que yo.
Fue un murmullo de vecinos invisibles, como un coro de palomas mensajeras, que se agarraron las cabezas. Yo no los vi, pero intuí sus presencias.