El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Cosa rara número uno: aparecieron unos patrulleros en Montevideo que no me permitieron morir infartado, porque me llevaron demasiado rápido a que me salvaran la vida. (La escena fue tan rara que hace unos días, en Vancouver, el fundador de Airbnb le contó la peripecia a miles de canadienses.)
Y cosa rara número dos: en el Hospital de Clínicas uruguayo, después de que me abrieron el corazón, me pusieron el stent y me estabilizaron, el doctor me hizo un chequeo completo, ¡sin mi autorización!, y me informó que no tenía ningún cáncer.
«¿Está seguro?», le dije. «¿Usted se fijó bien en todos los rincones?».
«Tiene un poco de colesterol, Casciari. Pero cáncer no».
«Entonces… ¿no me voy a morir?».
«Depende», me dijo el doctor. «Si usted sigue con su vida como hasta ahora, va a reventar en dos semanas como un sapo».
«Muchas gracias por el tecnicismo», le dije.
«Pero si deja de fumar, si camina todos los días seis kilómetros y se olvida de la sal y de las grasas, puede vivir otros cuarenta años».