El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Esa fue la conversación más rara que tuve con alguien vestido de blanco. Yo no tenía cáncer. Y no me estaba muriendo. Y podía vivir una nueva serie de años… Solamente había tenido un error de cálculo, nada más que eso. Y descubrí algo todavía más increíble, en aquella conversación montevideana. Descubrí que si hacía tres pelotudeces muy fáciles de hacer (caminar, no fumar, comer sano) quizás podría ver el Mundial de Argentina/Uruguay 2030. Quizás podría escribir alguna otra novela. Y sobre todo algo que de verdad no estaba en mis planes: quizás podría conocer la cara de mi primer nieto. O incluso tener otro hijo.
«¿Entendés? No tuve miedo», le dije a Horacio el domingo. «El infarto fue lo más sano que me pasó en la vida».
Ayer lunes Nina me acompañó a caminar. Incluso de vacaciones en Barcelona tengo que hacer algunos kilómetros por día, por recomendación del cardiólogo. Durante la caminata mi hija y yo hablamos un poco de la separación, del cronograma anual que nos permitirá vernos cada dos meses y también de la pérdida de algunas rutinas que teníamos y que ya no vamos a tener. En un momento nos pusimos los dos un poco nostálgicos por las pequeñas cosas que ya no vamos a poder hacer juntos.