El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida «Repito: o me quitan la matrícula, o me permiten defender el honor de un hombre inocente».
En ese momento puso su mano sobre la mano del poeta.
«Mientras tanto», dijo Andrea Lima, «pido al Juez la excarcelación sin fianza de mi cliente hasta el juicio».
Eso dijo.
Y se levantó.
El poeta salas y Andrea Lima habían entrado a la vida pública como verdugo y víctima, pero cuando salieron de la rueda de prensa se habían convertido en dos monstruos idénticos: la sociedad los vapuleó. A mí mismo, que fui amigo de Salas, toda la situación me dio muchísimo asco. Hay un video en Youtube en donde un grupo de vecinos, a la salida de un canal de televisión, les tira huevos y les grita obscenidades. No solamente a él: a los dos.
Salas oculta la cabeza entre las manos y ella, que dentro de un año será mayor de edad y Jueza de Instrucción, lo escuda con el cuerpo. Recibe el repudio con la indiferencia de los abogados, y él con la resignación de los poetas. Si se pone en pausa este video de Youtube en el minuto 6:21, justo cuando ella lo cubre para protegerlo, se ve con nitidez que Andrea Lima tiene, en la muñeca, el tatuaje de una luna en cuarto creciente.