Los trabajos y los días
Los trabajos y los días Mas quienes dictan para extranjeros e indígenas sentencias rectas, y en nada se apartan de lo justo, prospérales la ciudad, y sus gentes florecen en ella; por su tierra se extiende la Paz nodriza de mozos, y nunca a ellos asigna la dolorosa guerra el longitonante Zeus (70). Nunca a varones de recta justicia acompañan Hambre ni Aflicción (71), sino que en convites consumen la cosecha que con amor lograron. La tierra les procura rica subsistencia, y en los montes, la encina lleva, por la copa, bellotas; por el centro, abejas. Lanosas ovejas se vencen al peso de sus vellones. Engendran las mujeres hijos semejantes a sus progenitores (72). Se enriquecen con bienes sin tasa; no han de irse en las naves, pues el fruto lo da la fecunda gleba (73).
Pero aquellos que se ocupan de la Insolencia nefasta y de criminales obras, para esos tales reserva su Justicia el hijo de Crono, longitonante Zeus. A menudo la ciudad entera se ye privada de un vil rufián (74)—aquel que peca y maquina maldades. Sobre ellos, desde el cielo, deja caer gran ruina el Cronión, Hambre y Morbo a la vez (75); van muriendo las gentes, las mujeres no conciben, se extinguen los hogares, por los designios de Zeus Olímpico. Y según las ocasiones, el Cronida les destruye vasto ejército o una muralla, o se cobra en el mar su vindicta con las naves de aquellos (76).