Los trabajos y los días
Los trabajos y los días ¡Reyes! Parad mientes, también vosotros, en esta Justicia. Cerca están, entre los hombres, los Inmortales: se fijan en aquellos que, con torcidas sentencias, entre sí se ultrajan, sin cuidarse del temor a los dioses (77).
Tres veces diez mil (78), sobre la tiera nutricia son los Inmortales, por encargo de Zeus, custodios de los mortales hombres (79). Ellos vigilan las sentencias y criminales obras, vestidos de truma, visitando toda la tierra. Existe también una doncella, Justicia, hija de Zeus, gloriosa y augusta para los dioses que el Olimpo habitan. Y siempre que alguien la ofende empleando torcidos agravios, al puntó acude a sentarse a la vera de Zeus, su padre, el Cronión, y denuncia el intento de hombres injustos. El pueblo termina pagando las locuras de los reyes que, urdiendo aflicciones, por senderos descarriados desvían sus sentencias, alegando tortuosas razones (80).
Precaviendo estas cosas, enderezad vuestros juicios, ¡oh reyes tragones de obsequios!, y olvidaos totalmente de torcidas sentencias. El hombre que prepara males a otro, se los prepara a sí mismo; la intención funesta es, para quien la concibió, funestísima (81). Pues todo lo ve el ojo de Zeus, y todo lo sabe; también hasta aquí (82), sin duda, alcanza su mirada, si quiere, y no se le oculta qué clase de justicia es esta que la ciudad en su interior guarda.