Los trabajos y los días

Los trabajos y los días

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Igual quien a un suplicante o huésped maltrata; o el que sube al lecho del hermano, en oculto concúbito con la esposa, criminal acción cometiendo... El que en sus locuras se ensaña con hijos huérfanos; el que con un padre anciano, ya en el triste umbral de senectud, se querella, increpándole con duros dicterios... Contra esos tales, Zeus, sí, él mismo, se irrita y, a la postre, en pago de sus actos impíos (102), le asigna penosa moneda.

Pero tú, de esos crímenes, manten por entero alejado tu perdido corazón. Conforme a tus recursos, brinda (103) 5

sacrificios a los dioses inmortales de modo santo y puro (104) y quémales lucientes muslos (105). Otras veces, te los haces propicios con libaciones y ofrendas, igual cuando te acuestes, que cuando la luz sagrada venga (106), a fin de que te guarden alma y corazón propicios, para que compres patrimonios de otros, y no sea que otro lo haga con el tuyo (107).

Llama al festín a quien te quiere, al enemigo déjalo. Y, sobre todo, has de llamar al que cerca de ti habita. Pues sabe que si algo imprevisto te ocurre en el lugar, los vecinos acuden al punto, se tardan, en cambio, los distantes deudos (108). Un mal vecino es una desgracia, como uno bueno, es gran tesoro. Toca en suerte honor a quien toca buen vecino, y no perderá su buey, si no tiene vecino malo (109).


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