Los trabajos y los días

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Bien has de medir lo que pidas del vecino, bien medido devolvérselo, con igual medida, y mayor aún, si puedes, para que, estando otra vez necesitado, lo halles bien dispuesto (110).

No te lucres con malas ganancias: malas ganancias equivalen a infortunios. Quiere a quien te quiere, acude al que a ti acude. Da a quien te dé, mas no des a quien no te dé. A quien da se suele dar, pero nadie da al que no da. La dádiva es buena, la rapiña, en cambio, es mala, y dadora de la Muerte.

El varón que de grado da, incluso con largueza, goza en el obsequio, y disfruta en su corazón (111). Quien de por sí rapiña, cediendo a su impudencia, aunque sea menguado el hurto, helado se le queda el corazón.

Pues si lo pequeño sobre lo pequeño pones, y con frecuencia así lo haces, pronto acabará lo pequeño por hacerse grande (112).

Quien añade a donde hay, ese evitará el hambre ardiente. Tampoco lo que en casa hay guardado preocupa al varón.

¡Cuánto mejor tenerlo en casa, puesto que es nocivo lo de fuera! Bueno es coger de lo que se tiene a mano, desgracia, en cambio, sentir la falta (113) de lo que no se tiene —lo cual te pido consideres.

Al empezar el tonel (114) y cuando esté acabándose, sacíate; pero mientras esté por la mitad, economiza; ya en el fondo, despreciable es la economía.


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