Los trabajos y los días
Los trabajos y los días No dejes nada para mañana, ni para pasado; no es el inútil en el trabajo quien llena su cabaña, ni el que lo difiere; la solicitud es la que aumenta la hacienda. Siempre luchando está con desventuras el hombre que demora su faena (131).
Cuando la fuerza del punzante sol cesa en su fuego que sudores trae, mientras de otoñada manda sus lluvias Zeus prepotente, y se vuelve el cuerpo del hombre mucho más ligero...—es entonces cuando la estrella Sirio (132), por encima de la cabeza de los mortales hombres, camina poco en el día, disfruta más, en cambio, de la noche—. Entonces, más libre de carcoma está la floresta cortada por el hacha, sus hojas esparce por tierra y deja el bosque de brotar. He aquí cuándo la leña has de cortar, recordando a su tiempo la faena (133).