Los trabajos y los días

Los trabajos y los días

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Nadie que fuera más joven que él, podría repartir mejor la semilla y evitar la sobresiembra. Pues el jovenzuelo deja arrastrar el ánimo en pos de sus iguales.

Fíjate cuando escuches la voz de la grulla, que de lo alto de las nubes su anual graznido envía —ella trae la señal de la labranza, y anuncia la época del invierno lluvioso; y muerde el corazón del hombre sin bueyes. Entonces has de engor-dar bueyes de corvos cuernos que en casa estarán guardados. Bien fácil es decir: "Dame dos bueyes y un carro." Y bien fácil negar diciendo: "Tienen trabajo mis bueyes." El hombre rico en quimeras habla de hacerse un carro. ¡ Necio! No sabe aquello: que cien son las piezas de un carro, y que de ellas, lo primero, cuidado ha de tener para reunirías en casa (141).

Tan pronto como la sementera se descubra a los mortales (142), entonces es cuando tenéis que dedicaros, tus criados y tú mismo, a labrar la gleba seca o húmeda, en el tiempo de labranza, muy de mañana, con premura, para que se colmen tus tierras. Ara en primavera; y si en verano es binada (143) aquella, no te defraudará. Siembra el barbecho cuando aún esté esponjosa la tierra. El barbecho evita maldiciones y es buen contentador de niños (144).

Ruega a Zeus Infernal (145) y a Deméter pura, que bien madurado carguen el sacro fruto de la diosa (146): tan pronto 7


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