Los trabajos y los días

Los trabajos y los días

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Guárdate del mes Leneón (163)—¡malos días, que en todos ellos mueren bueyes! (164)—y de las heladas que por tierra se extienden, punzantes, al soplo del Bóreas (165), el cual, a través de Tracia criadora de potros, sobre el ancho mar se lanza en tromba y lo encrespa, mientras mugen tierra y bosques (166).

Muchas son las encinas de altas copas, los abetos densos, que el ventarrón, cayendo en las hondonadas del monte, abate sobre la gleba fecunda, y toda silba entonces la inmensa selva (167).

Los animales (168) tiritan, y ocultan su cola entre piernas (169)—incluso aquellos cuya piel, con pelo, bien cubierta está: también a ellos el cierzo (170) los traspasa con sus soplos, aunque sean de peludos flancos; hasta por la piel del buey penetra, pues no lo evita. Y le llega a la cabra soplando por su largo pelo (171); no así a las ovejas, a las que, por tener abundante lana, no traspasa con sus soplos la fuerza del viento Norte (172); mas, al viejo, encorvado lo deja (173).





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