La IlÃada
La IlÃada 128 —¡Hijo mÃo! ¿Hasta cuándo dejarás que el llanto y la tristeza roan tu corazón, sin acordarte ni de la comida ni de la cama? Bueno es que goces del amor con una mujer, pues ya no has de vivir mucho tiempo; la muerte y el hado cruel se te avecinan. Y ahora préstame atención, pues vengo como mensajera de Zeus. Dice que los dioses están muy irritados contra ti, y él más indignado que ninguno de los inmortales, porque enfureciéndote retienes a Héctor en las corvas naves y no permites que lo rediman. Ea, entrega el cadáver y acepta su rescate.
138 Respondióle Aquiles, el de los pies ligeros:
139 —Sea asÃ. Quien traiga el rescate se lleve el muerto, ya que con ánimo benévolo el mismo OlÃmpico lo ha dispuesto.
141 De este modo, dentro del recinto de las naves, pasaban de madre a hijo muchas aladas palabras. Y en tanto, el Cronida envió a Iris a la sagrada Ilio: