La IlÃada
La IlÃada 200 —Aquél es el hijo de Laertes, el ingenioso Ulises, que se crió en la áspera Ãtaca; tan hábil en urdir engaños de toda especie, como en dar prudentes consejos.
203 El sensato Anténor replicó al momento:
204 —Mujer, mucha verdad es lo que dices. Ulises vino por ti, como embajador, con Menelao, caro a Ares; yo los hospedé y agasajé en mi palacio y pude conocer la condición y los prudentes consejos de ambos. Entre los troyanos reunidos, de pie, sobresalÃa Menelao por sus anchas espaldas; sentados, era Ulises más majestuoso. Cuando hilvanaban razones y consejos para todos nosotros, Menelao hablaba de prisa, poco, pero muy claramente: pues no era verboso, ni, con ser el más joven, se apartaba del asunto; el ingenioso Ulises, después de levantarse, permanecÃa en pie con la vista baja y los ojos clavados en el suelo, no meneaba el cetro que tenÃa inmóvil en la mano, y parecÃa un ignorante: lo hubieras tomado por un iracundo o por un estúpido. Mas tan pronto como salÃan de su pecho las palabras pronunciadas con voz sonora, como caen en invierno los copos de nieve, ningún mortal hubiese disputado con Ulises. Y entonces ya no admirábamos tanto la figura de héroe.
225 Reparando la tercera vez en Ayante, dijo el anciano: