La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida La última pieza de la venganza fue para Melantio. Lo bajaron de la viga, lo arrastraron al patio y, con fría precisión, le amputaron la nariz y las orejas. Luego, le cortaron los genitales y se los arrojaron crudos a los perros. Finalmente, le cercenaron las manos y los pies.
Con el palacio en silencio y el suelo lavado, Odiseo pidió fuego y azufre. Las espesas nubes amarillas quemaron el aire del salón y del patio, purificando la casa de la pestilencia de la muerte y el pecado. Solo entonces, las esclavas leales emergieron de sus habitaciones. Corrieron hacia él, llorando de alivio y amor, besando sus hombros y sus manos en un reencuentro que borró, por un instante, el amargo sabor de veinte años de dolor.
La anciana Euriclea subió las escaleras con una agilidad que sus rodillas no conocían desde hacía décadas. Tropezando por la urgencia, irrumpió en los aposentos de Penélope y se inclinó sobre la cama de su señora. «¡Despierta, hija mía!», exclamó sin aliento. «¡Abre los ojos para ver lo que has deseado durante veinte años! ¡Odiseo ha vuelto! Está abajo, y ha masacrado a todos los pretendientes que devoraban tu casa».
