La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida El sol recién despuntaba sobre las aguas oscuras del lago cuando el barco de Telémaco tocó las costas de Pilos, la ciudad amurallada del rey Néstor. La playa era un hervidero de actividad. Miles de ciudadanos, divididos en nueve grandes grupos, sacrificaban toros de pelaje negro en honor a Poseidón, ofreciendo la carne y la grasa al dios del mar. El humo denso y el olor a carne asada llenaban el aire de la mañana. Telémaco, al pie de la embarcación, sintió que el valor lo abandonaba. Era solo un muchacho a punto de enfrentarse a una leyenda viviente. Se volvió hacia Atenea, que seguía oculta bajo la forma del anciano Méntor, y le confesó su vergüenza: no sabía cómo dirigirse a un rey de tal magnitud, carecía de experiencia y de palabras. Pero la diosa fue implacable, recordándole que los dioses no lo habían abandonado y que su propio instinto le dictaría qué decir.
