La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida La llegada a Esparta fue deslumbrante. El palacio de Menelao vibraba con la música y el júbilo de una doble boda: su hija Hermíone se casaba con Neoptólemo, el hijo de Aquiles, y su hijo Megapentes también contraía nupcias. La riqueza del lugar era abrumadora. Cuando Telémaco y Pisístrato fueron introducidos en la inmensa sala tras ser bañados, el joven de Ítaca se quedó sin aliento. Las paredes parecían emitir luz propia, destellando con oro, plata, electro y marfil. Telémaco le susurró a su compañero que así debía lucir el mismísimo Olimpo. Menelao lo escuchó y, con una sonrisa amarga, desmintió la envidia del muchacho. Todo aquel lujo había sido amasado durante años de un doloroso exilio por Egipto y Chipre, y confesó que cambiaría gustoso la mayor parte de sus tesoros si con ello pudiera devolver la vida a los amigos que murieron en Troya. Pero la herida más profunda en el corazón de Menelao llevaba el nombre de Odiseo, el hombre que más había sufrido y cuyo destino incierto atormentaba al rey espartano.