La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida El complot fue escuchado por el heraldo Medonte, quien corrió a los aposentos de Penélope. La noticia cayó sobre la reina como un golpe mortal. Sus rodillas flaquearon, su corazón pareció detenerse y el dolor le robó la voz. Lloró con una desesperación desgarradora, sintiendo que tras perder al león de su esposo, ahora le arrebataban a su único hijo en la sombra de la traición. Euryclea, la anciana nodriza, le confesó entre lágrimas que ella lo sabía todo, pero que había jurado guardar silencio. Tras lavarse y purificarse, Penélope subió a su habitación y elevó una súplica desesperada a Atenea. La diosa, escuchando su llanto, moldeó un espectro con la forma de Iftima, la hermana de Penélope. El fantasma se deslizó en la alcoba durante la noche y le susurró a la reina desde las puertas del sueño, asegurándole que su hijo estaba bajo una protección divina que cualquier mortal envidiaría. Penélope despertó aliviada, pero ajena al hecho de que, en ese mismo instante, la negra nave de los pretendientes cortaba las frías aguas del mar, aguardando pacientemente en las sombras de Asteris para ejecutar su carnicería.