La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Pero en aquel paraíso faltaba el hombre. Odiseo no estaba en la cueva; como de costumbre, se hallaba sentado en la playa, con la mirada perdida en la inmensidad del mar estéril, desgastando su vida entre lágrimas y suspiros.
Cuando Hermes le comunicó el mandato de Zeus, Calipso estalló de indignación. Acusó a los dioses de ser crueles y envidiosos, incapaces de tolerar que una diosa amara a un mortal, recordando los trágicos destinos de Orión y Yasión. Sin embargo, sabía que no podía desafiar al padre de los dioses. Con amargura, se acercó a la orilla y le anunció a Odiseo que era libre. Lejos de saltar de alegría, el héroe la miró con profunda desconfianza. Tras siete años de cautiverio, creyó que era otra trampa, obligándola a jurar por la laguna Estigia que no tramaba su destrucción.
Esa noche, compartieron su última cena. Calipso, intentando un último esfuerzo desesperado, le recordó los horrores que aún le esperaban en el mar y le ofreció la inmortalidad. Con sutileza, le preguntó si su esposa humana podía compararse con la belleza inmarcesible de una diosa. Odiseo, siempre diplomático y calculador, admitió que Penélope era mortal y envejecería, pero confesó que el anhelo de ver su hogar era una fuerza que la inmortalidad no podía apagar. Estaba dispuesto a enfrentar cualquier tempestad con tal de volver.