La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Al despertar, Nausícaa pidió a su padre un carro, ocultando por pudor sus pensamientos de matrimonio, y partió con sus esclavas hacia los lavaderos. Después de limpiar las ropas, las jóvenes se bañaron, se untaron con aceites y comenzaron a jugar a la pelota mientras cantaban. Nausícaa, destacando entre todas, parecía la mismísima diosa Artemisa cazando en las montañas. Fue entonces cuando Atenea desvió un lanzamiento; la pelota cayó al agua profunda y las muchachas soltaron un grito agudo que despertó a Odiseo.
Confundido y temiendo haber caído en tierras de salvajes, el héroe salió de la maleza. Su aspecto era aterrador: desnudo, cubierto apenas por una rama frondosa, con la piel curtida y cubierta de sal seca, avanzó hacia ellas como un león hambriento acorralado por la necesidad. Al verlo, las esclavas huyeron despavoridas en todas direcciones. Solo Nausícaa se mantuvo firme, pues Atenea le había inyectado valor en el corazón.