La Odisea - Versión Resumida
La Odisea - Versión Resumida Con tacto y elocuencia, Odiseo le relató su tragedia, omitiendo su nombre. Le habló de los siete años de cautiverio en la isla de Ogigia junto a la diosa Calipso, de la balsa que construyó con sus manos, de la tormenta apocalíptica desatada por Poseidón y de cómo, tras nadar agónicamente, llegó a la costa feacia. Con gran habilidad, protegió el honor de Nausícaa, asegurando que la princesa le había ofrecido los vestidos y le había indicado el camino, pero que él mismo, por pudor y respeto, había decidido no entrar a la ciudad junto a ella. Alcínoo, impresionado por la sensatez y la presencia del náufrago, le ofreció la mano de su hija en matrimonio si deseaba quedarse, pero reafirmó su promesa de darle un barco si su deseo era partir. Aliviado, Odiseo se fue a dormir bajo el pórtico, en una cama de mantas de púrpura, sintiendo por primera vez en semanas el peso del agotamiento ceder ante un sueño seguro.
Al despuntar el alba, Alcínoo convocó una asamblea. Atenea, disfrazada de heraldo, recorrió la ciudad avivando la curiosidad del pueblo sobre el misterioso forastero que parecía un dios. En la plaza, frente a las naves, se eligieron cincuenta y dos de los mejores remeros y se preparó una embarcación. Tras los preparativos, el rey ofreció un gran festín en su palacio, al que asistió Demódoco, el aedo ciego a quien la Musa había privado de la vista pero dotado de una voz celestial.