La Odisea - Versión Resumida
La Odisea - Versión Resumida Cuando Demódoco tensó las cuerdas de su cítara, comenzó a cantar un episodio de la Guerra de Troya: la amarga disputa entre Odiseo y Aquiles. Para los feacios, aquello era una historia épica del pasado; para Odiseo, era su propia vida, llena de fantasmas y sangre. Incapaz de soportar el peso de los recuerdos, Odiseo tomó su gran manto púrpura y se cubrió el rostro. Debajo de la tela, el curtido guerrero lloró en silencio. Alcínoo, sentado a su lado, escuchó sus pesados suspiros. Comprendiendo el dolor de su huésped, el rey detuvo el canto de inmediato y propuso que salieran todos a competir en los juegos atléticos.
En el recinto deportivo, la juventud feacia demostró su destreza. Participaron Acróneo, Ocíalo, Elatreo, Nauteo, Primneo, Anquíalo, Eretmeo, Ponteo, Proreo, Toón, Anabesíneo y Anfíalo. El eximio Clitoneo ganó la carrera, Euríalo dominó en la lucha, Anfíalo en el salto, Elatreo en el disco y Laodamante en el pugilato. Embriagado por la victoria, Laodamante invitó al forastero a competir. Odiseo declinó cortésmente, explicando que su mente estaba ocupada en sus infortunios y en su anhelo de regresar a casa, no en juegos.
Pero Euríalo, un joven de naturaleza arrogante, se burló de él en voz alta frente a toda la corte. —No tienes pinta de atleta, forastero. Más bien pareces el capitán de un barco mercante, un hombre obsesionado con las ganancias y la carga. No eres un guerrero.