La Odisea - Versión Resumida
La Odisea - Versión Resumida Para distender el ambiente, el rey pidió a Demódoco que cantara de nuevo, esta vez una historia más ligera: los amores furtivos de Ares y Afrodita, y cómo el ingenioso Hefesto los había atrapado en la cama con una red invisible de oro. Tras las risas y la distensión, Halio y Laodamante ejecutaron una asombrosa danza con una pelota púrpura que lanzaban hasta las nubes. Odiseo, apaciguado, aplaudió su destreza, devolviendo la armonía a la reunión.
Satisfecho, Alcínoo ordenó que los trece príncipes del reino entregaran regalos al huésped: mantos, túnicas y talentos de oro puro. Euríalo, arrepentido de su insolencia, se acercó a Odiseo y le ofreció una magnífica espada de bronce con empuñadura de plata y vaina de marfil, pidiendo disculpas sinceras. Odiseo aceptó el arma de buen grado, deseándole lo mejor al joven.
La reina Arete preparó un hermoso cofre con todos los tesoros. Después, Odiseo tomó un baño caliente, el primero en muchísimo tiempo. Al salir, renovado y majestuoso, se encontró con Nausícaa, que estaba apoyada en una columna del palacio, deslumbrada por su presencia. —Adiós, forastero —le dijo la princesa—. Cuando estés en tu patria, acuérdate de mí, pues me debes la vida. —Princesa Nausícaa —respondió Odiseo con profunda devoción—, si Zeus me permite ver el día de mi regreso, te veneraré todos los días de mi vida como a una diosa, porque fuiste tú quien me salvó.