La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Ya en el gran salón, durante la última cena antes de su partida, Odiseo cortó un suculento trozo de lomo de cerdo y le pidió a un heraldo que se lo entregara al bardo Demódoco en señal de respeto. Luego, dirigiéndose al músico, le hizo una petición que pondría a prueba su propia resistencia: le pidió que cantara sobre el Caballo de Madera, la trampa construida por Epeo con la ayuda de Atenea, el engaño con el que Odiseo y los suyos lograron infiltrarse y destruir Troya.
Demódoco tocó la cítara y su voz llenó la sala. Cantó cómo los griegos fingieron retirarse, cómo los troyanos introdujeron el enorme caballo en su acrópolis y cómo, en la oscuridad, Odiseo y los héroes salieron del vientre de madera para desatar la masacre, saqueando la ciudad en una noche de fuego y sangre.
Al escuchar el relato de su victoria más sangrienta y la muerte de tantos amigos y enemigos, el corazón de Odiseo se quebró definitivamente. El poema no era un canto de gloria, era un espejo de su trauma. Lloró con una desesperación desgarradora. Las lágrimas corrían por sus mejillas como las de una mujer viuda que, arrojada sobre el cuerpo de su esposo moribundo en medio del campo de batalla, llora a gritos mientras los enemigos la golpean en la espalda con las lanzas para arrastrarla hacia una vida de esclavitud y miseria. Así de doloroso e incontrolable era el llanto del gran estratega.