La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Alcínoo, al ver de nuevo el llanto inconsolable de su huésped, levantó la mano y ordenó a Demódoco que detuviera la música de inmediato. Se volvió hacia Odiseo, sabiendo que el momento de las evasivas había terminado. —Forastero —exigió el rey con tono solemne y definitivo—. Ya no puedes ocultarlo más. Dime cuál es tu verdadero nombre. Dime cómo te llamaban tus padres y tu pueblo. Dime de qué tierra vienes y por qué, cada vez que escuchas el destino de Troya y de los argivos, lloras como si te arrancaran el alma del pecho.
El silencio en la inmensa sala del rey Alcínoo era absoluto, tenso, cargado de expectación. El misterioso náufrago, tras secarse las lágrimas, miró al monarca a los ojos. "Soy Odiseo, hijo de Laertes", confesó por fin, despojándose de las sombras y revelando un nombre que por sus innumerables estratagemas había alcanzado la fama hasta el mismo cielo. Con voz grave, relató que su amado hogar era Ítaca, una isla escarpada y coronada por el monte Nérito, la cual consideraba el lugar más dulce de la tierra, rechazando por ella incluso las promesas de inmortalidad y amor eterno que le ofrecieron diosas como Calipso y hechiceras como Circe.
