La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Después de que las esclavas les sirvieran agua en jarras de oro y les ofrecieran un festÃn con carnes variadas, el silencio fue roto por el canto del aedo Femio, a quien los invasores obligaban a actuar. Aprovechando la música, Telémaco se inclinó hacia su invitado y derramó su frustración. Con amargura, confesó que esos hombres devoraban su herencia con impunidad porque creÃan que el verdadero dueño del palacio estaba muerto, con sus huesos pudriéndose bajo la lluvia o perdidos en el fondo del mar. Afirmó que ya no le restaba ninguna esperanza y que el dÃa del regreso de su padre jamás amanecerÃa. Atenea, manteniendo su disfraz, se presentó y le aseguró con firmeza que Odiseo seguÃa vivo, retenido contra su voluntad en una isla rodeada por el mar, pero que su mente astuta pronto encontrarÃa la forma de escapar de sus captores. Al observar al joven, la diosa notó el asombroso parecido fÃsico con su padre, especialmente en la cabeza y los ojos. Telémaco, sumido en la inseguridad, admitió que su madre aseguraba que él era hijo de Odiseo, aunque él mismo se sentÃa como el descendiente del hombre más desdichado del mundo.
